“Dios, si mandas a mama para que venga a verme este siguiente día de visita, te entregare mi vida a ti.”- oraba Marcelo. Él sabía que una visita de su madre sería nada menos de un milagro después de como las cosas habían sucedido para él. Ella lo había visitado regularmente cuando apenas lo habían encarcelado por un cargo de asesinato cerca de nueve años atrás, pero después, sus compañeros de celda lo introdujeron a las drogas. Pronto el hecho su vida a perder y se convirtió en un hombre delgado, patético y un desastre, y todas las suplicas de su madre para hacer un cambio habían sido en vano. El constantemente maquinaba nuevas maneras de conseguir dinero o cualquier otra cosa que pudiera de parte de ella, para cambiar por drogas, y finalmente ella le dijo que no lo visitaría más. Y quien podría culparla? Pero Marcelo solamente se hundió más y más en sus adicciones, vanamente buscando auxilio de la carga aplastante de culpa y desesperación.

Entonces un Domingo de tarde, el escucho música tocando en el patio de la prisión, muy diferente del constante sonido de las estaciones de rock y rap. Mirando hacia afuera de su celda, vio un grupo pequeño de prisioneros congregados en derredor de una mesa con varios hombres jóvenes bien vestidos, y un forastero gracioso tocando el acordeón. Marcelo se reunió al grupo, y disfruto mucho de las alabanzas. El estudio bíblico que siguió le hablo a su alma, y resolvió atender de nuevo en el futuro.

Mientras la mente de Marcelo empezó a desear más la verdad cada día, su deseo corporal por las drogas empezó a disminuir. Algunos meses después, Marcelo se convenció de que tenía que ser bautizado, pero parecía que algo siempre lo detenía. En verdad le importaba a Dios un asesino acusado, encerrado en la suciedad de una cárcel provincial en Bolivia?

Finalmente, resolvió hacer un trato con Dios, y entonces fue cuando hizo su oración. En realidad fue más una prueba. Acaso Dios siquiera lo quería? Acaso Dios escucharía su oración? Para el asegurarse que Dios escucharía su mensaje, encomendó la ayuda de Whaddy, una de nuestras personas mayores que había sido bautizado un año atrás, el cual lidera el estudio bíblico en la prisión este año (Algunos de ustedes lo recordaran como Whaddy Wycliff de una de nuestras historias del año pasado). Whaddy compartió la petición de Marcelo con nosotros esa misma tarde, y todos nos arrodillamos para orar.

“Señor, tú conoces el corazón de Marcelo. Tu sabes lo que el necesita. Por favor déjale saber que tú lo escuchas y lo quieres como hijo tuyo. Convéncelo Señor. si el mandar a su madre para verlo mañana hará eso, entonces ponlo en su corazón…” oramos.

El próximo Sábado cuando Whaddy y su grupo regreso a la cárcel, estaba el ansioso de saber que había sucedido.

“Vino tu mama a verte?” preguntó Whaddy.

“No,” respondió Marcelo. “Pero Dios me dio un milagro aún más grande! Mi tía vino a verme. Yo no sabía que ella estaba aquí! Ella vive en España. Y lo más asombroso de todo, es que ella me hablo de Dios, y me incentivo a entregarle mi vida a él. Mi madre no hubiera hecho eso. Yo sé que Dios la mando como una respuesta a mi oración, y deseo entregarle mi vida a él. Cuando puedo ser bautizado?”
Sobre el curso de las siguientes semanas, tuve el privilegio de ayudar a Whaddy coordinar el bautismo con el pastor local y oficiales de la prisión. Marcelo ahora es un hombre libre en Cristo Jesús, y ahora puede contemplar la vida nueva y esperanza brillando en su rostro.

Por favor manténganlo a él y al ministerio de las prisiones, y otros proyectos de evangelismo en sus oraciones. También tomen nota de la foto incluida del bautismo de Marcelo. Feliz Sábado!

P.D. Todavía no tenemos una palabra final sobre el problema del terreno. Nuestra apelación fue negada al nivel estatal, y nuestro representante legal está apelando a nivel nacional. Por favor mantengan ese asunto en sus oraciones también. Sabemos que está en las manos de Dios.

Kody & Lyli Kostenko